Muy en el fondo
todos somos un poco niños a la espera de la protección de los demás y nos cuesta sobremanera pararnos sobre nuestros propios pies y caminar sin muletas ocasionales. Hacerse cargo de uno mismo, esa gran aventura que empieza en la adolescencia y termina con la muerte, es una cuestión que cuesta aceptar hasta que nos damos cuenta que siempre estamos solos en los momentos cruciales de nuestras existencias.La inmadurez emocional está relacionada con lazos afectivos arcaicos difíciles de romper, dependencias, miedos, debilidad del yo que prefiere vivir como una prolongación de otro.En definitiva ser maduro emocionalmente es totalmente compatible con disfrutar de la vida en su totalidad, afrontar nuevos retos, aprovechar cada oportunidad de conocer gente nueva y vivir sensaciones que hasta ahora no habíamos sentido.
Y si nos paramos a pensar… ¿no era esto lo que hacíamos cuando eramos niños y supuestamente “no éramos tan maduros“?
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